Diccionario de los políticos

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Dicen que los políticos de todo tiempo y lugar han tenido siempre virtudes similares y similares vicios. La curiosa obra que el lector tiene en sus manos puede servir para comprobar si esto es o no es cierto. La escribió hace más de siglo y medio Juan Rico y Amat (1821-1870) «para divertimento de los que ya lo han sido y enseñanza de los que aún quieren serlo», como reza su subtítulo, y parece innegable que buena parte de lo que en ella se cuenta mantiene hoy en día una vigencia asombrosa.

Antes de ser publicado como libro en 1855, el Diccionario de los políticos había visto la luz por entregas, y obtenido un éxito comparable al de las novelas más populares. Su autor era un personaje muy interesante: poeta romántico, dramaturgo, jurista, historiador, periodista y director de periódico… y político él mismo durante largos años en que desempeñó varios cargos en la administración del Estado. Rico y Amat fue además nombrado secretario honorario por la reina Isabel I, quien le concedió el título de Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica. A su pluma debemos, entre muchas otras obras, una Historia política y parlamentaria de España, escrita en tres volúmenes, que es libro de obligada referencia para conocer la política de su tiempo.

Así que don Juan Rico y Amat no sólo sabía escribir bien, sino que también conocía perfectamente el asunto sobre el que iba a escribir cuando se consagró a la tarea de explicar en su diccionario «el verdadero sentido de las voces y frases más usuales» entre los políticos.

Su original diccionario, una de las obras más citadas en la bibliografía del reinado de Isabel II, despliega ante nuestros ojos la compleja realidad política española de aquella época, y nos ayuda a entenderla. Al final de este prólogo, bajo el título original de «Juicio crítico de la prensa periódica», incorporamos una selección de reseñas de la época para dar idea de la enorme repercusión que tuvo el Diccionario de Rico y Amat entre sus contemporáneos.

En las entradas de este diccionario se habla de política, pero también de sociedad, de economía, de cultura y de religión, porque el hombre es un animal político, y todo lo que hace en sociedad es objeto de interés político. Y el autor habla de todo ello con un estilo muy apropiado: un humorismo agudo y contenido, una ironía que traspasa toda la obra haciéndola amable, divertida y fácil de leer, pero sin renunciar a la seriedad de fondo que sostiene su crítica.

Sin embargo, con ser destacable, no es éste el motivo por el que este libro merece, en nuestra opinión, ser editado de nuevo. Si estuviéramos solo ante una buena exposición crítica de la política de la primera mitad del siglo xix, el libro sería interesante para los especialistas en historia política, pero tendría menos valor para el gran público. El gran valor del Diccionario de los políticos de Juan Rico y Amat es su vigencia. Estamos ante una obra que puede ser leída hoy en día con una fruición igual o superior a como fue leída en su día. La actualidad de sus textos, algunos si no en la letra al menos sí en espíritu, es extraordinaria. Resulta muy fácil hallar en nuestro presente situaciones semejantes a las que escenifica el autor en sus páginas, o extrapolar sus interpretaciones, sus juicios y sus comentarios a nuestro entorno político cotidiano.

Con la distancia, por añadidura, los temas que trata Rico y Amat adquieren una nueva dimensión. Leer desde nuestro presente nos permite advertir cómo algunas de las atinadas observaciones del autor pueden ser aplicables a realidades muy distintas, más de siglo y medio después de publicado el libro. Y gracias a este cambio de perspectiva asistimos al paso de la anécdota a la categoría. Tanto es así que acaba uno por sospechar si actitudes, situaciones o conductas como las descritas en el libro no retratan a los políticos de un país y de un siglo en particular, sino que tal vez sean características endémicas del homo politicus, o dicho de otro modo, comportamientos que el ser humano tiene tendencia a desarrollar, en cualquier tiempo y lugar, cuando se dedica a actividades que guardan relación con la cosa pública.

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