Cuentos a Maxa de Max Nordau. Traducción de Carmen Burgos

Cuentos a Maxa obra de Max Nordau traducida por Carmen de Burgos. Colección EverGreen editorial Biblok

En su obra sobre el origen de la tragedia, Nietzsche nos recuerda que a Sócrates, con mucha frecuencia, se le presentaba en sueños una aparición que repetía persistentemente las mismas palabras: «¡Sócrates, cultiva la música!». El filósofo interpreta este sueño recurrente como una llamada de la conciencia ante el deber desatendido, como un reproche que las musas del Arte lanzaban al «Lógico despótico» que era Sócrates, para quien el arte supremo no podía ser otro que el filosofar.

Algo parecido debió de sucederle a Max Nordau, el sesudo médico alemán, el pensador agnóstico, materialista y positivista, el implacable crítico de todos los sueños de la razón que producen monstruos, cuando optó por escoger el camino de la fantasía a la hora de emprender uno de sus proyectos vitales más importantes: comunicar a su hija qué era la vida y cómo vivirla de la mejor manera posible.

 

Un intelectual provocador
Cuando empieza a escribir estos cuentos, en el inicio de la anterior centuria, Max Nordau es uno de los más famosos intelectuales del momento. Desde 1880 tenía su consulta de médico en París, y como discípulo de Charcot y Lombroso había llegado a convertirse en uno de los principales científicos en el terreno de la patología. Como periodista y ensayista, su celebridad no era menor. Interesado en múltiples disciplinas humanísticas, como la historia, la filosofía y la literatura, había publicado sus «reflexiones positivistas» y sus críticas a las costumbres e instituciones de la época en obras de gran éxito, como Las mentiras convencionales de nuestra civilización (1883) o Paradojas (1885).

Sus inquietudes también las había expresado en una célebre novela publicada en 1888, El mal del siglo; pero, sin duda, el libro que más repercusión internacional había tenido, convirtiéndose en un auténtico best seller y generando agrios debates en ámbitos artísticos, periodísticos y académicos, fue el titulado Degeneración (1892), una incursión en el terreno de la crítica de arte extraordinariamente controvertida, pues en ella desarrollaba Nordau su famosa teoría que vincula la locura y la enfermedad con los «desvíos» del arte moderno de su tiempo, que afectaba a los artistas parnasianos, prerrafaelitas, decadentistas y simbolistas.

 

Un germanófilo sionista
En el momento de escribir los cuentos para su hija, Nordau es además un destacado líder social. Nordau nació en Pest en 1849, cuando la ciudad era parte del imperio Austríaco, en el seno de una familia judía ortodoxa, pero había abandonado el judaísmo desde muy joven, pues la fe de su padre el rabino no cuadraba con su visión materialista de la vida. Su desdén hacia la comunidad tradicional judía y las religiones en general lo llevó incluso a cambiar de nombre: nacido Simon Maximilian Suedfeld, cambió su apellido original Suedfeld, que en alemán significa «campo sureño», por el de Nordau, «pradera norteña». Con ello afirmaba Nordau no sólo su voluntad expresa de ser plena y exclusivamente alemán, sino también su apuesta por la ciencia y la modernidad, frente a la religión y la tradición. Esta apuesta identitaria, que más tarde sería motivo de su expulsión de Francia durante la Primera Guerra Mundial por ser considerado germanófilo, no le impidió convertirse en el principal líder del sionismo, tras Theodor Herzl, de quien era mano derecha.

El detonante que lo llevó a abrazar la causa sionista, con una energía que a la postre lo hará merecedor de un lugar en la historia como uno de los padres del Estado Judío, fue el famoso caso Dreyfus, que estalló en 1894 y convulsionó a la sociedad francesa durante más de una década. En ello podemos ver una nueva expresión de las tensiones o paradojas del personaje: ante la constatación del antisemitismo, tan arraigado e incurable como internacionalmente extendido, el liberal alemán Nordau asume la responsabilidad de ser un paladín del nacionalismo judío. Nordau previó antes que nadie el Holocausto judío y trató de evitarlo poniendo las bases de una nación moderna sobre una nueva visión positivista del judío: lo que él llamó el «judaísmo muscular», frente al judaísmo enfermizo encerrado en los guetos.

 

Un cientifista fantasioso
Sin embargo, como decíamos, cuando llega el momento de transmitir a su hija Maxa, nacida en 1897, los relatos que han de ayudarla a crecer y ser feliz, el grave intelectual Nordau escoge sumergirla en un reino de fantasía poblado por sílfides, gnomos y pájaros parlanchines. El autor abre una grieta en su fachada de científico materialista y deja escapar su imaginación y su sensibilidad creando un sinfín de imágenes de una notable plasticidad y carga simbólica. En estas «fábulas de un padre a su hija», como las subtituló su traductora al español, la escritora y periodista Carmen de Burgos, los asuntos más importantes que preocuparon al autor, desde la reflexión sobre el poder del arte, la divinidad de la naturaleza o la necesidad de disfrutar la vida viviendo el presente, hasta la difícil gestión de la diversidad en un mundo complejo, el valor de la autenticidad o la fidelidad a uno mismo, adoptan la forma de preciosas y cuidadas narraciones aptas para ser comprendidas por una niña.

Existen muchos Nordau: el líder sionista padre del Estado Judío, el médico alemán que denostó el «arte degenerado», el escritor naturalista que definió «el mal del siglo»… Pero el Nordau más desconocido es, tal vez, el más interesante y el más vigente: el Nordau que escribió los cuentos a su hija. En una entrevista realizada al autor en 1895, dos años antes del nacimiento de Maxa, el escritor Enrique Gómez Carrillo llama la atención sobre este perfil inesperado del autor. Nordau aparece vislumbrado en su texto no como su caricatura de supuesto frío médico de Silesia, sino como un cálido y entrañable contador. Dice Gómez Carrillo: «Porque Max Nordau no es […] un erudito viejo y malhumorado […]; en la intimidad hospitalaria de su gabinete, “entre cuatro ojos”, como él suele decir, su figura resulta agradable. Físicamente se parece al Campoamor de hace diez años, cuya barba blanca encuadraba una faz sonrosada y risueña de adolescente. Su manera de hablar es más bien irónica y persuasiva que dogmática. Todos los vicios, todos los ataques y todas las envidias encuentran en su análisis familiar una sonrisa de perdón bondadoso.»

Y ciertamente éste es el Nordau que escribe estos breves relatos con una pluma de extremada sensibilidad y exquisito gusto. En su conjunto son un precioso regalo para su hija, elaborado con amor durante años para ayudarla a crecer.

 

Maxa Nordau, su destinataria, llegó a ser una valorada pintora de la escuela de París, y siempre mostró el mayor aprecio por estos relatos, probablemente el mejor legado que podía haberle hecho su padre.


 

Cuentos a Maxa de Max Nordau. Colección EverGreen editorial Biblok«En estas fábulas de un padre a su hija, como las subtituló la escritora Carmen de Burgos, los asuntos más importantes que preocuparon al autor adoptan la forma de preciosas y cuidadas narraciones aptas para ser comprendidas por una niña.»

Cuando llega el momento de transmitir a su hija Maxa, los relatos que han de ayudarla a crecer y ser feliz, el grave intelectual Nordau escoge sumergirla en un reino de fantasía poblado por sílfi des, gnomos y pájaros parlanchines. El autor abre una grieta en su fachada materialista y deja escapar su imaginación y su sensibilidad creando un sinfín de imágenes de gran plasticidad y carga simbólica. El autor abre una grieta en su fachada materialista y deja escapar su imaginación y su sensibilidad creando un sinfín de imágenes de gran plasticidad y carga simbólica.

En estas «fábulas de un padre a su hija», como las subtituló la escritora Carmen de Burgos, los asuntos más importantes que preocuparon al autor adoptan la forma de preciosas y cuidadas narraciones aptas para ser comprendidas por una niña. Maxa Nordau, su destinataria, llegó a ser una valorada pintora de la escuela de París, y siempre mostró el mayor aprecio por estos relatos, probablemente el mejor legado que podía haberle hecho su padre.


Para adquirir el libro o para mayor información en Editorial Biblok
http://www.biblok.es/Ficción/Cuentos+a+Maxa/ia187

Cuentos a Maxa de Max Nordau. Colección EverGreen editorial Biblok

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6 comentarios

  1. Médico alemán,filósofo austríaco nacido en Budapests. Es díficil categorizar a veces a los escritores centroeuropeos en orden a una nacionalidad. en realidad muchos de ellos se merecen solo el gentilicio de europeos, cosa que les honra como adelantados a una Unión que aún no existía.

    1. Bien visto, un mitteleuropeo, habitante de las orillas del Danubio, como los describió Claudio Magris.

  2. Primer intento de adquirir la obra: “..veremos si lo tenemos en el almacén..”(hoy en La Central del Raval).
    Y un dato más sobre su origen, ABC de 18 de setiembre de 1914:……el conocido publicista austro-húngaro de origen judío español.

  3. Pues estaba en el almacén.

    1. Muchas gracias por la información. Es un sello que empieza a andar y todavía no tenemos atados muchos cabos… entre ellos la distribución.

  4. Pues una curiosidad más de la obra; a pesar de haberse escrito originalmente en francés, no se publica en esta lengua hasta 1929 en París, en cambio cuando viene a España Nordau en 1914 con motivo de la guerra mundial, se traduce y se publica. Luego la primicia editorial es en español.
    La edición francesa tiene la novedad de que las ilustraciones son de la propia Maxa.

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