En el centenario de Rubén Darío

Deslindar entre vida y obra de un artista, cuando el artista es un dandi, es una tarea sin sentido. Sabido es que Rubén Darío fue un dandi, y que el dandismo no era sólo una pose estética, sino un programa de vida. Nacido en el albor de la modernidad, y en pleno apogeo en tiempos del modernismo, el dandismo apostaba por alcanzar la más auténtica expresión de un carácter excepcional. La rebeldía del artista dandi, radical, es ética y estética: su búsqueda de la originalidad artística es inseparable de una búsqueda de la originalidad existencial. De ahí que los dandis afrontaran su propia vida como el pintor, el escultor o el poeta afrontan su obra de arte.
Esta consideración previa permite abordar la lectura de la literatura memorialista de Rubén Darío desde la perspectiva acertada. En los textos que siguen, la Vida de Rubén Darío escrita por él mismo, El viaje a Nicaragua o la Historia de mis libros, el «yo» que nos habla no es tanto el del autor, como su voz poética. Es el mismo «yo» con todos sus avatares que ya conocemos por sus poemas, el yo intimista de Rimas y abrojos, el yo voluptuoso y primaveral de Azul…, el yo estival erótico y esotérico de Prosas profanas, el yo político, esencial y filosófico de su otoñal Cantos de vida y esperanza…, y que ahora se nos presenta con menos capas retóricas, más llano, más directo y más comprensible, pero igualmente poético e idealizado gracias a la imaginación creadora, a la estilización del recuerdo y al poder de la meditación y del ensueño el artista.

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Rubén Darío nació en Metapa, el 18 de enero de 1867. Su autobiografía comienza con este apunte: «En la catedral de León de Nicaragua, en la América Central, se encuentra la fe de bautismo de Félix Rubén, hijo legítimo de Manuel García y Rosa Sarmiento». Cuando el poeta redacta este texto, en 1912, el mismo año que publica su Historia de mis libros, cuenta con cuarenta y cinco años. Enfermo ya de la cirrosis hepática que lo llevaría a la tumba cuatro años más tarde —el 6 de febrero de 1916—, y pasando graves apuros económicos tras haber perdido sus honorarios de embajador de Nicaragua en España con el cambio político habido en su país, Darío acepta un doble encargo de la prensa para narrar su vida y su obra: la peripecia vital —La vida de Rubén Darío escrita por él mismo— para la revista Caras y Caretas y la evolución de su obra —Historia de mis libros— para La Nación de Buenos Aires.
Tres años antes, en 1909, había publicado El viaje a Nicaragua, donde da cuenta de la breve visita a su patria que realizó entre el 23 de noviembre de 1907 y el 3 de abril de 1908, en unos términos que prefiguran en muchos aspectos las dos obras posteriores: el costumbrismo deja paso al impresionismo; el detallismo, al puntillismo; la crónica de los hechos, a la impresión de los mismos en el alma del poeta. En todos los casos nos hallamos ante la historia de un poeta y de las circunstancias —los personajes, los ambientes— de donde nace su poesía.
El resultado será un conjunto de episodios sólo en apariencia deshilvanados, unas «iluminaciones en la sombra», por recordar aquel libro misceláneo, en forma de diario, en el que su gran amigo Alejandro Sawa captó las luces de la bohemia finisecular. Lo que se atesora en estas páginas no es, así pues, un inventario detallado, fiel y minucioso de los recuerdos de Félix Rubén García Sarmiento, sino un cuadro impresionista que tiene como tema al propio artista, el poeta Darío.
Para componerlo, el autor olvida fragmentos de su vida, difumina otros, y resalta con vigorosas y vibrantes pinceladas sólo aquellos episodios que han dejado la huella más honda en su espíritu.
Al hurtársenos la infinitud de detalles que suelen configurar unas memorias, se arroja toda la luz sobre los fragmentos desnudos que vinculan una vida y una obra. Así se alumbra la representación de una vida como pieza artística, captada en un conjunto que integra las pinceladas escogidas, tal como se percibe un lienzo impresionista.

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Y el material del que está hecho el lienzo «Rubén Darío» posee un enorme atractivo: la vida galante, cosmopolita, errante… de un hedonista convencido. Con Wilde, otro ilustre dandi, Darío podría exclamar: «¡Puedo resistirlo todo, salvo la tentación!». Desfilan por estas páginas su gusto por el lujo y las vanidades, su activismo político, su adoración a las mujeres, su afición al alcohol y las viandas: ese «mundo, demonio y carne» que tanto atrajo a los decadentes y modernistas de la bohemia finisecular, con Rubén Darío al frente de todos ellos. Pero por encima de este bullir de deseos sobrevuela el poderoso anhelo espiritual del poeta que nos abre paso a su poesía como una «sed de ilusiones infinitas.»
Otra dimensión clave en estos textos es la del destino errante, la figura del peregrino sin hogar fijo que va recorriendo países sin cesar a ambos lados del Atlántico, ya sea como diplomático, como turista vocacional o como corresponsal de prensa. En este sentido en su obra El viaje a Nicaragua reviste especial interés la visión de un nicaragüense que tras quince años viajando por varios países de América y de Europa regresa unos meses a su país con la capacidad de retratarlo con la doble perspectiva del nativo y del extranjero en su patria.
Una tercera faceta interesante es la galería de personajes que enriquecen este lienzo. Por estas páginas deambulan políticos, militares y artistas. Darío intervino en política como liberal beligerante, con una clara vocación revolucionaria y rebelde que le movía a enfrentarse a todo aquello que le pareciera conservador, y por supuesto mantuvo estrechos vínculos con la flor y nata del mundo cultural de su época. En París frecuentó a Paul Verlaine y a Oscar Wilde; en Nueva York a José Martí; en Italia a D’Annunzio; en Madrid a Zorrilla, Campoamor, Valera, Menéndez y Pelayo, Carrere, Marquina, Maeztu, Valle-Inclán, Unamuno, Pardo Bazán, Manuel y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez…

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En los textos autobiográficos de Rubén Darío resuenan, en efecto, todas sus vibraciones de hombre y artista, esa «sed de ilusiones infinita» que da sentido a su vida y obra. En cuanto esbozos de sus distintas voces poéticas, constituyen una introducción excelente a la obra poética indisociable del poeta, pues éste no es otra cosa que su poesía.
O dicho con las palabras de Rubén Darío: «En verdad, vivo de poesía. Mi ilusión tiene una magnificencia salomónica. Amo la hermosura, el poder, la gracia, el dinero, el lujo, los besos y la música. No soy más que un hombre de arte. No sirvo para otra cosa. Creo en Dios, me atrae el misterio; me abisman el ensueño y la muerte; he leído muchos filósofos y no sé una palabra de filosofía. Tengo, sí, un epicureísmo a mi manera: gocen todo lo posible el alma y el cuerpo sobre la tierra, y hágase lo posible para seguir gozando en la otra vida».


Mi vida y mis libros de Rubén Darío. Colección Desván de Hanta editorial BiblokEn el centenario de su fallecimiento, una oportunidad de acercarnos a Rubén Darío a través de la historia de su vida y de sus libros «escrita por él mismo». Un lienzo de enorme atractivo: la vida galante, cosmopolita y errante de un hedonista convencido.

 

Deslindar entre vida y obra de un artista, cuando el artista es un dandi, es una tarea sin sentido. Sabido es que Darío fue un dandi, y que el dandismo no era sólo una pose estética, sino un programa de vida. La rebeldía del artista dandi, radical, es ética y estética: su búsqueda de la originalidad artística es inseparable de una búsqueda de la originalidad existencial. De ahí que los dandis afrontaran su propia vida como el pintor, el escultor o el poeta afronta su obra de arte.

Y el material del que está hecho el lienzo «Rubén Darío» posee un enorme atractivo: la vida galante, cosmopolita, errante… de un hedonista convencido.

Con Wilde, otro ilustre dandi, Darío podría exclamar: «¡Puedo resistirlo todo, salvo la tentación!». Desflan por estas páginas su gusto por el lujo y las vanidades, su activismo político, su adoración a las mujeres, su afición al alcohol y las viandas: ese «mundo, demonio y carne» que tanto atrajo a los decadentes y modernistas de la bohemia finisecular; pero sobre todo este bullir de deseos sobrevuela el poderoso anhelo espiritual del poeta, que nos abre paso a su poesía como una «sed de ilusiones infinitas».


Para adquirir el libro o para mayor información en Editorial Biblok
http://www.biblok.es/No+ficción/Vida+de+Rubén+Darío/ia533

Mi vida y mis libros de Rubén Darío. Colección Desván de Hanta editorial Biblok

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